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(Artículo) Menstruación

La palabra menstruación proviene del latín mens o mensis, que significa mes, medir, pero que también significa luna. Lo que es más, las siguientes palabras relacionadas están ligadas a la medición de la luna en el cielo y a la menstruación: medida, mesura, mensurable, conmensurar, dimensión, inmensidad, medidor, metro, parámetro, diámetro. Muchas de nuestras ideas se han forjado a partir de la "medición de la luna".

Se ha demostrado que la medición de tiempo se desarrolló en la antigüedad a partir de la observación femenina de la sincronicidad de la propia menstruación y de las faces lunares.

Las gentes tribales siempre asociaron a luna como la causante de la menstruación y la transición entre una fase luna y otra siempre fue reverenciada y tomada en cuenta. La palabra menstruación significaba cambio-lunar pero también sobrenatural, sagrado (como en el latín sacer), espíritu, deidad. Las antiguas palabras árabes para "puro" e "impuro" se refieren a la sangre menstrual solamente.

Los Maoríes sostienen que las almas humanas se hacen de sangre menstrual. Aristóteles decía lo mismo: la vida humana se hacía a partir de un "coágulo" de sangre menstrual. Plinio llamaba a la menstruación "la sustancia material de la generación". Esta noción primitiva de la formación prenatal a partir de la menstruación aún se siguió enseñando en las escuelas médicas hasta el siglo XVIII.

La idea básica proviene de la teoría Hindú que sostiene que el abismo primordial u océano de sangre menstrual fue la manifestación sin forma previa a la creación del universo. Las mujeres son una copia en escala del proceso. La Diosa Mesopotámica Ninhursag había creado a la humanidad con arcilla mezclada con sangre menstrual y le enseño a las mujeres un sortilegio para concebir realizado con arcilla y sangre menstrual llamado Adamath (arcilla roja). El nombre bíblico Adam proviene de de ese mismo hechizo. El Korán dice que Allah hizo al hombre de "sangre que fluía" pero el nombre Allah en la Arabia pre-islámica era el nombre de la Diosa de la Creación Al-Lat.

La subsistencia de los propios Dioses dependía del poder milagroso de la sangre menstrual. En Grecia se lo llamaba el "vino rojo sobrenatural" que la Diosa Madre Hera daba en su forma de doncella Hebe. El poder místico de los dioses nórdicos provenía de la misma fuente.

La bebida sagrada de la India Soma se producía a partir del batido del mar primordial y era secretado por la Vaca de la Luna, se bebía en las ceremonias de sacrificio mezclado con leche y se utilizaba como hechizo curativo. El Soma era especialmente reverenciado en somvara, el día lunes, el día de la luna.

Los faraones Egipcios se convertían en Dioses cuando bebían la "Sangre de Isis" una ambrosia llamada Sa. El jeroglífico utilizado era el mismo utilizado para la vulva. Pintado de rojo simbolizaba la "Entrada al Paraíso".
El color rojo de la sangre menstrual era sagrado y muchas tribus paleolíticas coloreaban de rojo sus objetos de culto y cubrían con ocre rojo los cuerpos de los muertos con la idea de que los muertos así "nacerían de nuevo".

Esta actitud de reverencia indudablemente produjo un estatus social elevado en las mujeres, y los hombres en muchas de las religiones con orientación masculina han tratado de emular tener el control del poder de la vida por medios artificiales como la subinscición, la circuncisión el cortado de dedos en sacrificio etc.

De ser respectada y sagrada en sociedades matrísticas, la sangre menstrual se transformó en temida y odiada en sociedades de orientación patriarcal. Las Leyes de Manú establecían que si un hombre se acercaba a una mujer menstruante, perdería su energía, sabiduría y vitalidad. El Talmud dice que si una mujer menstruante pasa por entre dos hombres uno de ellos morirá.
Los Brahamanes establecieron que si un hombre tiene relaciones con una mujer con el período, la pena correspondiente a esa falta es la mitad que la le correspondería por Brahamanicidio, el peor delito que un Brahamán podía imaginar.

Lo patriarcas persas siguieron la tendencia Brahamánica y sostenían que se debía evitar a la mujer menstruante como si fuera veneno, que pertenecían al demonio. Se les prohibía mirar al sol, sentarse en el agua, prender el fuego del altar etc. Hasta el día de hoy los judíos ortodoxos se rehúsan a darle la mano a una mujer por temor a que esté menstruando. Estas restricciones también cuentan para los esposos. Durante su período, una mujer no puede compartir la cama con su marido, el no debe tocar los enseres domésticos que ella ha tocado so pena de "contagiarse" de su inmundicia (Levítico 15).

Los persas compartían la noción primitiva generalizada que la doncella tenía su mencarca por haber copulado con una serpiente sobrenatural.

Mircea Eliade en su libro "Patterns in Comparative Religion", sostiene que el animal-lunar por excelencia es la serpiente, dado que cambia su piel y se transforma como la luna, y la cervix femenina.

Uno de los secretos de la mujer primordial y la serpiente era la menstruación y los judíos copiaron el mito persa que decía que la menstruación había llegado al mundo a través de la primera mujer Jahi la Prostituta, quien después de copular con Ahriman, la Gran Serpiente, sedujo al "primer hombre piadoso" quien hasta entonces había vivido en el Jardín del Paraíso solo con la compañía del toro sagrado.

La tradición Rabínica dice que Eva comenzó a menstruar después de copular con la serpiente en el Edén y Adam solo conoció la sexualidad cuando Eva le enseñó. Había fuertes sospechas que el primer hijo de Eva, Caín, no era hijo de Adam sino de la serpiente.

Los cristianos heredaron esas supersticiones de impureza. Las mujeres menstruantes no podían asistir a los oficios religiosos, ni comulgar. Se debían sentir "impuras a causa de su impureza" Las autoridades médicas creían que los demonios se producían a partir de la sangre menstrual.

Los médicos victorianos heredaron la fobia de sus predecesores y creían que si un hombre tenía relaciones con una mujer con el período se contagiaría uretritis o gonorrea. Se creía que los hombres no contagiaban a las mujeres sino que era al revés.

Hasta hoy en día las autoridades religiosas de Vaticano consideran el período menstrual como un impedimento para la ordenación de sacerdotisas mujeres quienes podrían contaminar el altar con su período.

Los zoólogos modernos, sin embargo, concuerdan que el cambio evolucionario del ciclo del estro del primate al ciclo menstrual del humano implica que la líbido sexual humana está dirigida hacia "algo más" que a la perpetuación de la especie.

Las hembras mamíferas sub-primates solo están disponibles sexualmente estacionalmente durante su ovulación, que coincide con su sangrado. Lo que es más el olor de la sangre es un poderoso signo de apareamiento y éste solo tiene funciones reproductivas. En los primates superiores no-humanos que menstrúan se comienza a observar un gradual cambio entre el impulso sexual y la reproducción. Ese cambio, es la constante disponibilidad sexual que conduce a una experiencia sexual compartida. Ese es el significado de la sexualidad humana, no la mera impregnación de la hembra. A partir de la aparición del ciclo menstrual, se registra todo desarrollo evolutivo específicamente humano a saber: el desarrollo de la mente, el simbolismo (un "niño mental" es un niño simbólico), el reconocimiento y valorización del individuo y la organización social.

La menarca es la flor de la mujer y es la semilla tanto biológica como simbólica que desarrollará su potencial como adulta. Es la iniciación en los misterios de la sangre. Los misterios femeninos son los misterios de la sangre.

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